Las incrustaciones dentales son restauraciones parciales personalizadas, diseñadas específicamente para adaptarse y reparar un diente posterior, ya sea un premolar o molar, que ha sido afectado por daños tales como caries, fracturas o desgaste. Este procedimiento se destaca por su enfoque conservador, ya que se centran únicamente en la zona dañada, preservando así la mayor cantidad posible de la estructura dental original.
No solo ofrecen una solución estética y funcional, sino que también contribuyen a la salud dental a largo plazo. Al preservar la mayor cantidad posible de la estructura dental natural, las incrustaciones fortalecen la integridad del diente y reducen la posibilidad de futuros problemas dentales. Además, con el cuidado adecuado, incluyendo una buena higiene bucal y visitas regulares al dentista, las incrustaciones presentan alta durabilidad en boca.
Son ideales para casos de caries moderadas a severas, fracturas dentales o para reemplazar reconstrucciones dentales antiguas en las que queremos realizar un tratamiento conservador. También se pueden utilizar en casos de dientes con suficiente estructura dental remanente y que no requieren de un tratamiento más extenso, como una corona dental.
Las incrustaciones dentales se recomiendan cuando el diente afectado tiene suficiente estructura dental remanente y no requiere un tratamiento más extenso, como una corona dental. Son ideales para casos de caries moderadas a severas, fracturas dentales o para reemplazar restauraciones dentales antiguas.
La duración de las incrustaciones dentales puede variar según el material utilizado, los hábitos de cuidado dental del paciente y otros factores. En general, pueden durar muchos años con el cuidado adecuado y las visitas regulares al dentista para exámenes y limpiezas dentales.
El procedimiento se realiza con anestesia local para minimizar molestias, aunque puede haber sensibilidad temporal después del tratamiento.
Las incrustaciones dentales deben cuidarse de la misma manera que los dientes naturales, con cepillado tres veces al día, uso de seda dental diariamente y visitas regulares al dentista. Evitar alimentos muy duros y con control de hábitos como el bruxismo.
La recuperación es inmediata.
Tras años de experiencia y formación en odontología conservadora, implantología y cirugía oral e implantoprótesis, en el año 2020, Paloma decide apostar por su propio proyecto y, junto con un equipo de confianza y comprometido, nace Clínica Chamberí. Actualmente, lidera un equipo muy formado y comprometido con el cuidado de la salud oral y la estética.
Adicional a sus estudios de posgrado, ha realizado múltiples cursos formativos y certificaciones relacionados con el bruxismo, la armonización orofacial y la estética dental. Colegiada en el Ilustre Colegio Oficial de Odontólogos y Estomatólogos de la I Región, actualmente complementa su práctica clínica diaria con la docencia en diversas formaciones de armonización orofacial y patología del bruxismo para profesionales odontólogos y médicos.